mercoledì 19 dicembre 2007

los pequeños

LOS PEQUEÑOS DE VILLALPANDO

La historia de los pequeños de Villalpando, podría resultar muy larga, pero vamos a resumirla centrándonos en el coraje de una señora llamada Ramona, a quien su propia pobreza y marginación, la ha llevado a revelarse contra esas circunstancias y buscar alternativas.

Resulta que cuando ella era muy joven, (aproximadamente 14 años de edad ), con la intención de separarse de su familia nuclear, se casa con el primer hombre que encuentra. Muy pronto empieza a tener hijos, y como toda familia pobre, padece muchos sufrimientos.

Pero gracias a un gran sentido común, decide que no quiere ese tipo de vida para sus hijos, y considera que la clave es enviarlos a la escuela, para lo cual necesita trabajar doble turno como empleada doméstica. A pesar de todo, a veces su esfuerzo se veía frustrado, ya que su esposo no estaba de acuerdo en que los niños estudiaran, pues…”para cargar y hacer tabique no se necesita estudiar”.

Para poder lograr esto, padeció mucho, pues simplemente el ayudarles en sus tareas era imposible debido a que ella no sabía leer, ni escribir.

Todo era dificultad: ¿ Como pagar libros y uniformes de los grandecitos si para hacerlo tenía que trabajar mas y a los chiquitos no había quien los cuidara?....

Así que tuvo que hacer uso de toda su creatividad y coraje, para resolver uno a uno los problemas que se le iban presentando.

Aproximadamente a los 25 años de edad y ya con 6 hijos, decidió empezar a estudiar (para poder firmarles las boletas a sus hijos), y ya encaminados ellos en la escuela decidió también ayudar a otras mujeres a dignificar su vida, pues con sus propias palabras menciona:

“Eramos como animalitos, yo no me podía comunicar, cuando algo se me atoraba yo no sabía decir ni que quería, solo lloraba….”

Al mismo tiempo, entre varios vecinos formaron “La Asociación Civil de Pobladores y Trabajadores de la Mesa los Hornos, cuya finalidad era unificarlos y darles fuerza para que el gobierno no los corriera de ese lugar, mismo que tenían designado para hacer un panteón.

Pero uno de los requisitos de ser parte de la Asociación, era que cada miembro hiciera algo por la colonia, así es que eso, junto con su propia historia, hizo que durante todo un año estuviera tocando las puertas de sus vecinas para que le dejaran a los niños mientras ellas se iban a trabajar.

Más tarde, (como ya era una asociación), pidieron permiso a la delegación, y les empezaron a dar clases a esos niños; para cuyo fin, se metieron a otro predio (el cual no les reclamaron ya que era a beneficio de la comunidad), en el que construyeron 2 saloncitos (los que ahora están frente al área de juegos), lo cual fue sencillo, pues eran ellos mismos los que hacían los tabiques.

Para entonces ya contaban con 60 niños y fue cuando apareció una monjita llamada Tere Villalpando, quien se interesó profundamente en esa comunidad.

Les llevaba sacerdotes que daban misas en las calles, les ayudaba a conseguir fondos, les abrió talleres, etc…. Pero principalmente, dicho por la Sra. Ramona: “Los hizo sentir humanos”

Así la madre Tere los conectó con un patronato llamado “Nuestros Niños”, quienes hasta ahora son los únicos que desde entonces, formalmente los han acompañado.

Mas tarde, con el dinero del patronato, y las cuotas que algunos papás daban, se les empieza a dar de comer a los niños (ya que veían que no rendían debido a la falta de alimento) y entonces la escuela crece enormemente.

No hace mucho tiempo (en 1996), registran la escuela y le dan el nombre oficial de “Los pequeños de Villalpando”, en honor a la madre Tere.

DATOS:

Por ahora están alojados en 4 predios que formalmente no son suyos, pero que se los fueron donando las personas que vivían allí.

Su población es de 210 niños, divididos en 9 grupos, con pequeños que van desde los 6 meses hasta los 6 años de edad.

Cuenta con 10 maestras, 5 cocineras y la directora, más el apoyo de algunas mamás que se ofrecen para diferentes tareas.

La edad de las madres de familia oscila entre los 14 y los 30 años, siendo la mayoría de ellas de 15 a 19.

El promedio de madres golpeadas es de un 25% aproximadamente.

El promedio de hijos que tiene cada una es de 5.

La escolaridad de ellas llega a 2° o 3° de primaria.

Muchas veces el alimento que consumen en la escuela es el único del día, por eso es más importante todavía, que sea de buena calidad.

La cuota que pagan los niños va desde $5.00 hasta $60.00 a la semana, dependiendo de las posibilidades del padre. Sin embargo, hay 55 niños que no pagan absolutamente nada, ya sea porque son hijos de alguna maestra, o por la escasés de los recursos de los padres.

La mayoría de los padres de los pequeños, pertenecen al grupo de extrema pobreza.

Actualmente la escuela cuenta, además de las cuotas que dan los papas y de $ 3,850.00 mensuales que ofrece el patronato de Nuestros Niños, con algunos donativos en especie que esporádicamente les dan.

un proyecto para la vida:storia e contatti


Il Comitato di Solidarietà “Los pequeños de Villalpando”

Presidente: Prof. Luigi Piazzolla

Segretaria: Miriam Campiotti ex alunna.

Consiglieri: Jessica Canzi ex alunna - Viola Festa ex alunna.

email: villalpando@hotmail.it

Solidarieta è… guardare gli altri con gli occhi del cuore

Solidaridad es … mirar a los otros con los ojos del corazón

UN PROGETTO PER LA VITA : "COMPARTE -T"

I BAMBINI DI VILLALPANDO

Il Messico è una realtà nella quale c’è un fortissimo contrasto tra ricchezza e povertà, non c’è una via di mezzo: estrema ricchezza, da un lato, ed estrema povertà, dall'altro.

Io con gli attuali e, soprattutto , ex alunni ne siamo testimoni.

Infatti grazie agli scambi culturali effettuati (dal 2001 a oggi) tra il nostro Civico Liceo Linguistico "A. Manzoni" di Milano e l’Instituto de Humanidades y Ciencias (Inhumyc) di Città del Messico abbiamo potuto constatare, con grande rammarico, la difficile situazione in cui vivono la maggior parte dei messicani.

In una “uscita didattica” organizzata durante lo scambio dalla scuola messicana abbiamo fatto visita a "Los Pequeños de Villalpando" un asilo di 160 bambini (oggigiorno sono già 250) assistiti da 6 maestre, da un'assistente sociale, da 3 cuoche e dalla Direttrice Doña Ramona.

Il suddetto asilo, in cui questi bambini passano le loro giornate, è situato a Tlalpan, un quartiere di estrema periferia e di estrema povertà di Città del Messico ed è composto da tre baracche, per di più malandate, prive di elettricità, acqua potabile e di adeguati servizi igienici.

I bambini, divisi in 7 gruppi, di età compresa dai sei mesi ai sei anni, versano in condizioni veramente drammatiche e in situazioni familiari estremamente preoccupanti: alcuni di loro hanno madri, la cui età oscilla tra i 15 e i 19 anni, prive di scolarizzazione, che si prostituiscono e/o padri emarginati e violenti che picchiano le loro mogli e che presentano gravissimi problemi dal punto di vista psicologico.

L'Instituto Inhumyc ha attivato a partire dal 1995 un progetto chiamato "COMPARTE - T " che, oltre a dare un aiuto economico, si occupa essenzialmente di aiutare le maestre nei lavori domestici.

Anche il nostro Civico Liceo Linguistico A. Manzoni ha aderito con molto entusiasmo a questo progetto (diremmo lo ha fatto suo e lo ha rivitalizzato) e attraverso la generosità dei genitori, degli alunni, dei professori, della segreteria e dei commessi ha consegnato, nell’arco di questi 7 anni, nelle mani della responsabile della scuola Doña Ramona, consistenti contributi economici.

C’è da aggiungere che nel corso di questi 7 anni si è formato un vero e proprio Comitato di Solidarietà (di cui ne sono Presidente) che ha lavorato e lavora a favore de los pequenos organizzando eventi, mercatini di beneficenza, spettacoli a tema e momenti di incontro.

Adesso il Comitato con questo progetto per la vita "COMPARTE - T" vorrebbe sensibilizzarvi e rendervi partecipi della situazione di sofferenza e miseria che questi bambini sono costretti ad affrontare quotidianamente.

Gli obiettivi principali che il Comitato si è prefissati sono:

1)-Garantire un’efficiente alimentazione ai bambini.

2)-Costruire una struttura adeguata alle loro esigenze o migliorare la loro attuale qualità di vita.

3)-Finanziare vari progetti finalizzati all’educazione morale e culturale dei genitori dei bambini.

Lo scopo di questo progetto non è tanto quello di fare solo pura e semplice beneficenza bensì di provare ad aiutare qualcuno diverso da noi, di essere solidali gli uni con gli altri e di essere più attivi costruendo così un mondo un po’ più equilibrato.

In realtà si tratta di fare quello che per logica avremmo dovuto fare da sempre: donare un po’ del nostro amore e del nostro affetto anche a chi non ne ha, al fine di renderli più felici.

Con l’esperienza di tutti questi anni vi possiamo assicurare che guardare in quei piccoli occhi, desiderosi solo di trovare un amico e un sorriso nella persona che avevano di fronte, ci hanno fatto capire quanto, con un piccolo gesto di solidarietà e d’amore, si può donare anche a loro un po’ di gioia e serenità.

Il Presidente Prof. Luigi Piazzolla

kevin de jesus


Kevin De Jesus era uno dei bambini della nostra classe.

Aveva all’incirca 4 anni e, purtroppo, a parer nostro anche qualche problema.

Non abbiamo mai capito le vere cause, ma non era un bambino uguale agli altri: spesso si estraniava, come se, con la sua testolina, fosse in un universo parallelo; a volte se gli dicevi o spiegavi qualcosa, ti guardava fisso con un’aria interrogativa di chi non ha capito nulla.

Inoltre, a pranzo, non riusciva mai a finire il pasto: rimaneva con lo stesso boccone in bocca per un tempo indeterminato, senza inghiottirlo.

Dopo un po’ che insistevamo, dovevamo chiedergli se ne voleva ancora, ma, nella quasi totalità dei casi, la risposta era, ovviamente, negativa. Senza la nostra domanda, però, non avrebbe mai avuto il coraggio di dirci spontaneamente che non aveva più voglia di mangiare.

A parte questo, a parer nostro, era un bambino dotato di grande sensibilità, tanto che si era affezionato alle sue nuove maestre, fin dai primi giorni.

Magari durante il giorno, non era capace di esternare i suoi sentimenti, ma è capitato più di una volta, un episodio che ci è rimasto ben impresso nella memoria.

Un giorno, finito l’orario scolastico, arriva la madre di Kevin e, dopo averci salutato, madre e figlio, si avviano insieme verso casa.

Dopo qualche minuto, però, tornano indietro e Kevin corre verso di noi porgendoci una tavoletta di cioccolato a testa. Al momento, colte di sorpresa, lo abbiamo abbracciato e ringraziato, e, dopo aver ringraziato anche la mamma e averle detto che non doveva disturbarsi, ci siamo commosse.

Questo episodio si è ripetuto altre due volte, una delle quali in occasione del Dia de Amor y Amistad , ossia il giorno di San Valentino. Quel giorno, invece dei cioccolatini, Kevin ci ha portato una rosa.

La cosa che mi ha stupito è stata capire quanto affetto può essere racchiuso in un gesto così, all’apparenza, semplice, ma quello che mi ha sorpreso maggiormente è stato il fatto che, a compiere questo gesto, sia stato un bimbo di soli 4 anni, a cui il destino, purtroppo, ha riservato una vita tutt’altro che semplice.

La giornata scolastica

La giornata scolastica dei bambini di Villalpando, come normalmente accade negli altri asili, ha inizio verso le 8.30 del mattino.

Le maestre, solitamente, arrivano verso le 8.00, per avere il tempo necessario per sistemare la classe e poter accogliere i piccoli alunni.

Il lasso di tempo tra le 8.00 e le 8.30 è, infatti, il momento in cui arrivano i bimbi, solitamente accompagnati da mamma o fratelli.

Spesso, però, accade che alcuni bambini non vogliano lasciare la mamma per fermarsi all’asilo e iniziano, per questo, a piangere, lasciando il compito di consolarli, alle pazienti maestre.

Questa scena potrebbe risultare abbastanza familiare per una qualsiasi neo-mamma italiana, alle prese con la prima esperienza all’asilo, ma ad un’analisi più approfondita, non risulta essere la stessa cosa.

Il pianto dei bambini messicani non è esattamente un capriccio, tipico dei bimbi all’asilo.

Infatti, spesso, nasconde altri problemi.

Come abbiamo visto, la violenza nelle famiglie è all’ordine del giorno[1], spesso, capita, quindi, che il bambino non voglia separarsi dalla mamma perché ha paura, e vede in lei, l’unica figura protettrice e rassicurante.

Inoltre, non dobbiamo dimenticare le precarie condizioni di vita[2] della gente del quartiere; nel peggiore dei casi, infatti, può capitare che a fine giornata, quando i bambini tornano alle loro case, non trovino più uno dei familiari. Non dobbiamo escludere, purtroppo, l’eventualità, ad esempio, che un parente malato potrebbe essere venuto a mancare.

Possiamo, quindi, immaginare che, se questa ipotesi si sia verificata, in seguito ad essa, il bambino coinvolto, non voglia lasciare il nido familiare, per paura di non rivedere più una persona cara.

Fortunatamente, però, la maggior parte di questi bambini è felice di andare all’asilo perché lo vede come punto di incontro con i coetanei e luogo di svago dai problemi familiari.

Una volta arrivati tutti i bambini, ogni maestra si occupa dei propri, invitandoli ad entrare in classe e prendere posto: giunge, infatti, il momento della colazione.

Le maestre si occupano di andare in cucina a prendere i contenitori del latte e delle tazze[3].

La colazione solitamente consiste in una tazza di latte (in una delle tre varianti: latte e avena, latte e riso o latte e cioccolato), accompagnata da 3-4 biscotti a testa .

Man mano che i bambini finiscono la loro colazione, si alzano per riporre la tazza sporca nel cesto, facilitando così il compito alla maestra.

Quando tutti i bimbi hanno terminato, si mettono in fila : tutti pronti per andare ai servizi.

Figura 10 Tutti i bimbi in fila

Chi con il compito di portare la carta igienica, chi, più volenteroso, si occupa di aiutare la maestra a riportare le tazze in cucina, ci si avvia agarrados[4] più o meno ordinatamente, verso l’altra area dell’asilo, dove cioè sono situati i bagni[5].

Una volta tornati in classe, è il momento della lezione vera e propria, momento in cui i bambini apprendono gli insegnamenti basilari[6].

Ecco che le maestre si preparano a sfoderare la loro fantasia, per insegnare a questi bambini qualcosa di utile, nel modo più semplice e divertente.

Figura 11 La lezione

Nella Figura 11 abbiamo preso ad esame una lezione. Nello specifico, i bambini stavano apprendendo la lettera “E”. Per familiarizzare con essa, dovevano ripassare con il proprio dito, il contorno della lettera (precedentemente disegnato dalla maestra) con la pittura blu.

Con la stessa tecnica imparano le altre lettere dell’alfabeto ed i numeri.

Verso le 11.00 arriva l’ora della ricreazione: i bambini di tutte le classi si riuniscono nel patio per giocare tutti assieme; nel frattempo le maestre ne approfittano per scrivere su ogni quaderno i compiti per il giorno successivo.

La ricreazione ha in genere una durata variabile, termina, infatti, quando il pranzo è pronto.

Quando si avvicina l’ora di pranzo, le maestre devono recarsi nuovamente in cucina (spesso più di una volta), al fine di portare in classe i piatti, il secchio con i bicchieri e l’acqua e, una volta pronto il pranzo, anche i contenitori con il cibo.

Successivamente, di nuovo nel patio, una di loro, riempie una bacinella con l’acqua della cisterna e, a turno, i bambini delle diverse classi, si metto in fila: è il momento di lavarsi le mani.

Ogni insegnante aiuta i bimbi del suo salone a lavarsi le mani e, una volta pulite, porge loro un pezzo di carta per asciugarle.

Finita questa operazione, tutti ai propri posti, si comincia a mangiare.

Il pranzo è, forse, il momento della giornata più lungo: è importante, infatti, che tutti i bambini mangino tutto il pasto, o almeno quasi, perché spesso, è l’unico pasto che consumano (a parte la colazione) in tutta la giornata[7].

Il pasto è preparato in quantità sufficienti sia per i bambini, sia per le maestre[8] e, solitamente, consiste in tre alimenti principali, due dei quali sono fissi:la zuppa – minestra di pasta[9] e verdure e il riso ( il quale può essere accompagnato da salchichón[10]), ovviamente, il tutto accompagnato da una tortilla[11] calda e appena sfornata.


Figura 12 L'ora del pranzo

Come abbiamo visto, è fondamentale che i bambini mangino a pranzo, ma spesso, per svariati motivi, alcuni di loro si distraggono o fanno i capricci e non vogliono mangiare. La maestra, finito il proprio pasto, deve controllare la situazione e, nel caso in cui un bimbo sia indietro rispetto agli altri, si siede vicino a lui per imboccarlo.

Solitamente, visto che la maestra, in genere, è da sola a tenere la classe, i bambini che terminano per primi di mangiare, dopo aver riposto il loro piatto nel secchio, vanno ad aiutare i compagni in difficoltà.

Sono, quindi, i bimbi stessi, oltre alla maestra, ad imboccare i propri amici.

Finito il pasto, viene servita l’acqua e, successivamente la frutta.

L’acqua viene data ai bambini solo a fine pasto, questo per evitare che si sazino, in parte, con essa e non finiscano, quindi, il loro pranzo.

Per quel che riguarda l’acqua potabile, bisogna fare alcune osservazioni e tenere in conto alcune particolarità.

Innanzitutto, bisogna tenere presente che in Messico, non esiste l’abitudine di bere l’acqua pura come siamo abituati noi. Quasi nessuno, infatti, visto anche il costo abbastanza elevato, compra le bottiglie d’acqua naturale “pura”. Nelle case sono presenti i depuratori, per rendere l’acqua corrente potabile, ma vista la presenza di un’alta concentrazione di sali minerali, bevuta da sola ha un sapore sgradevole.

Per questo è necessario aggiungere del succo di frutta. Ecco che ci troviamo di fronte ad un’ampia gamma di gusti, i quali spaziano dall’anguria al mango e dal melone al tamarindo.

Anche a Villalpando viene data da bere ai bambini “l’acqua saporita” ed è per questo più facile, vista la percentuale di zucchero presente nel succo, che si sazino prima del tempo.

Una volta terminato il pranzo da tutti i piccoli ospiti dell’asilo, e dopo che ognuno di loro ha ordinatamente riposto il proprio piatto e il proprio bicchiere nel secchio da riportare in cucina, arriva l’atteso momento di lavarsi i denti.

Ogni bambino si arma di bicchiere e spazzolino, i quali vengono, rispettivamente, riempito d’acqua e cosparso di dentifricio, dalla maestra, per poi correre nel patio a lavarsi i dentini.

Operazione, purtroppo, visto le condizioni di conservazione degli spazzolini, non molto valida a livello igienico[12].

Conclusa anche quest’ultima parte della giornata, tutti i bambini rientrano nelle classi: è, infatti, giunto il momento della preparazione per il rientro a casa.

La maestra deve ora aiutare i bimbi a togliersi il grembiule e cambiare i vestiti di coloro che hanno portato il cambio.

Fatto questo, si occupa di pettinarli, di lavargli il viso e di renderli presentabili[13].


Arrivano le ore 14.00 e iniziano ad arrivare le mamme.

Man mano che arrivano i genitori, i bambini prendono il proprio zainetto contenente il grembiulino ed il quaderno per fare i compiti per il giorno seguente e vengono accompagnati al cancello dalla maestra.

L’orario nel quale le mamme o i fratelli arrivano all’asilo per prendere i bimbi all’uscita, oscilla tra le 14.00 e le 14.30.

Dopo questo termine, qualora siano rimasti in classe dei bambini, questi ultimi vengono accompagnati e riuniti nel medesimo salone dove trovano ad aspettarli, la maestra per le ore pomeridiane[14].

Questo è quello che, quotidianamente, accade a Villalpando.

Non dobbiamo, però, dimenticare alcune varianti.

Come abbiamo visto, una volta a settimana, ossia il lunedì mattina, tutti i bimbi si riuniscono nel patio a cantare in onore del “momento della bandiera”[15] .

Il giovedì mattina, invece, giunge l’atteso momento del brincolin : durante l’ora di lezione, le classi, a turno, vengono accompagnate all’amato tappeto elastico[16] .

Inoltre, come già accennato nel capitolo precedente, un venerdì al mese, alcuni genitori si recano all’asilo, per aiutare le maestre nelle pulizie delle classi.


[4] Letteralmente significa “attaccati” . In questo caso si usa questo termine perché i bimbi in fila indiana sono uniti tra loro, infatti ogni bimbo afferra con la manina un lembo del grembiule del compagno che lo precede. Il primo della fila, invece dà la mano alla maestra


[7] Come abbiamo visto nel capitolo precedente, spesso il pranzo all’asilo è l’unico pasto della giornata dei bambini, motivo per cui molti genitori sono favorevoli a mandare il figlio a scuola.

[8] Cfr capitolo 2, paragrafo 2.2 Come abbiamo visto, le maestre vivono nello stesso quartiere, e, quindi, anche nelle stesse condizioni dei bambini e, spesso sono le mamme di alcuni di loro.

[9]In Messico la pasta(ovvero gli spaghetti) viene cucinata in brodo ed è mangiata solo come minestra/zuppa

[10] La traduzione italiana del termine salchichón prevede “salame”, ma in realtà, per quanto riguarda il sapore, è paragonabile meglio ad un equivalente del nostro wurstel

[11] La tortilla è pasta di mais ed è l’equivalete del nostro pane. Può ricordare, per quel che riguarda il suo aspetto, alla tipica piadina romagnola. E’ servita da sola, ma spesso è consumata farcita e arrotolata, ossia a costituire il taco.

[13] Considerando che stiamo parlando di bambini, e considerando che nello spazio adibito ai giochi, trattandosi di terra o di cemento, è molto facile sporcarsi, è semplice immaginarsi quale sia l’aspetto dei vestiti e dei visi dei piccoli.



(tratto da "Villalpando:SToria di una speranza"di Viola Festa)

I bimbi




L’età dei bambini è compresa tra i sei mesi e i 6/7 anni.

Fin da piccoli sono abituati a badare a se stessi e ai fratellini minori e possiamo affermare che siano, in un certo senso, più svegli rispetto ai bambini italiani della stessa età. Questo non è certo per sminuire i nostri piccoli connazionali e non è un discorso basato sull’intelligenza.

Quello che si vuol trasmettere è il peso della responsabilità che questi bambini acquisiscono fin da subito, essendo destinati a cavarsela da soli in molte situazioni.

Dobbiamo prendere in esame, inoltre, un altro dato fondamentale. Come abbiamo appreso nel paragrafo precedente, l’età media dei genitori è molto bassa; considerando che la loro società, per carenze sociali e culturali, è un tipo di società chiusa e conservatrice, possiamo affermare con certezza che lo stesso destino toccherà anche ai loro figli. Questo vuol dire che, essendo questi bimbi destinati a diventare molto presto, a loro volta genitori, è necessario che apprendano fin da piccoli, come accudire un neonato. A questo proposito, capita spesso di vedere una bimba di soli tre anni, tenere in braccio con sufficiente disinvoltura, una creatura di appena tre mesi.

Inoltre fin dalla tenera età di due anni, viene insegnato loro a riconoscere i propri vestitini, i propri giochi e persino il loro spazzolino da denti. Questo insegnamento, al fine di renderli responsabili, è legato ad esigenze di natura pratica: dati i pochi soldi di cui dispongono le famiglie per comprare le cose necessarie ai figli, non potrebbero permettersi di comprarle una seconda volta, gli oggetti in questione devono, quindi, essere conservati con molta cura e attenzione.

Oltre a questo, i bambini apprendono il rispetto per se stessi e per gli altri. Vengono insegnate loro l’importanza di essere puliti e ordinati sia a scuola che in casa e, cosa fondamentale, le maestre cercano di trasmettere loro l’amore e l’affetto che, purtroppo, non ricevono nel nido familiare.

Come detto, esiste nella comunità, un 40% di donne e bambini maltrattati dal padre di famiglia.

I bambini soggetti a queste violenze gratuite, non conoscendo altre realtà, crescono apprendendo la violenza come componente essenziale della vita quotidiana.

Convinti di ciò, a scuola emulano i comportamenti visti assumere dai genitori, con la conseguenza che picchiano gli altri bambini.

Il compito delle maestre, in questo ambito, è proprio quello di insegnare loro che la violenza è sbagliata.

La maestra è, quindi, una figura molto importante per il bambino: rappresenta l’autorità, ma al tempo stesso anche un punto di riferimento e di conforto.

I bimbi, infatti, sanno che all’interno dell’asilo sono protetti e rispettati.

Le mamme


La figura più importante della famiglia è rappresentata dalla madre.

E’ infatti il punto di riferimento per il bambino ed è simbolo di forza di volontà e voglia di andare avanti.

Per comprendere questo punto, è necessaria una riflessione sulla situazione del nucleo familiare che, come abbiamo visto, generalmente, è composto dai genitori e tre, o più, piccoli.

Nella migliore delle ipotesi o il padre o la madre hanno un lavoro, ma, anche in questo caso, le condizioni economiche non sono sufficienti per condurre una vita “normale”.[1]

Inoltre, spesso il padre, per affondare i propri dispiaceri o per cercare di dimenticare almeno per un po’, la vita reale, si rifugia nei piaceri dell’alcool.

La sera, tornando a casa ubriaco, non sapendo con chi sfogarsi, maltratta moglie e figli. I bambini, troppo piccoli per capire cosa stia succedendo, subiscono impotenti l’ira del padre. La madre, nel cercare di proteggerli, ovviamente è costretta a subire, non potendo contrastare la forza fisica dell’uomo.

La percentuale delle donne maltrattate e picchiate ammonta oggi al 40% e, spesso, il motivo principale è rappresentato dall’opposizione del marito sul fatto che i figli frequentino la scuola[2]

La forza d’animo che le contraddistingue, però, permette loro di non arrendersi e di continuare a lottare. Ogni giorno accompagnano i figli all’asilo per poi andarli a riprendere nel pomeriggio.

Chi si occupa della frequenza scolastica è quasi sempre la mamma e di questo ce ne si può accorgere osservando l’arrivo quotidiano dei bambini a scuola.

Ma non dobbiamo cadere nell’errore di generalizzare perché, fortunatamente, non è sempre così. Esistono, infatti, casi di famiglie dove anche il padre si mostra collaborativo e interessato al futuro del figlio.

I genitori più favorevoli con il progetto scolastico di Doña Ramona[3], dimostrano la loro riconoscenza collaborando con le maestre.

Un esempio di questo è l’impegno che mostrano una volta al mese, quando si riuniscono nel patio dell’asilo per aiutare il personale scolastico nella pulizia delle classi e di tutti i giochi per i bambini.


[1] Normale in questo caso è da intendersi in paragone alla vita di una famiglia italiana media, dove ogni membro è in grado di soddisfare le proprie esigenze rappresentate anche dai beni superflui.

Queste famiglie arrivano, invece, a malapena al sostentamento alimentare pro-capite di base

[2] Cfr capitolo 1, paragrafo 1.3

[3] D.Ramona è la direttrice dell’asilo di Villalpando.La scolarizzazione per i bambini è stata una sua iniziativa ed ha partecipato attivamente alla costruzione della struttura. ( Cfr capitolo 1)

I genitori e le spese per l'asilo

I genitori, nella maggior parte dei casi, sono molto giovani e spesso si trovano in condizioni economiche molto precarie.

La loro età oscilla tra i 15 e i 20 anni e, in media, hanno dai tre ai cinque figli.

I padri, solitamente, svolgono lavori molto umili per la realtà messicana, alcuni di loro, ad esempio, sono muratori, altri guidatori di camiónes[1].

Il loro stipendio è molto ridotto e, considerando che il più delle volte solo un membro della famiglia lavora, i soldi per la sopravvivenza della famiglia sono davvero scarsi.

E’ per questo che molti bambini dell’asilo sono denutriti ed è quindi fondamentale che mangino la colazione e il pranzo della scuola perché spesso, per loro, è l’unico pasto della giornata.

Il costo per permettere al bambino di frequentare l’asilo varia da 0.25 € a 4.60 € a settimana, ed è sufficiente a coprire solo le spese per i pasti.

Alcune famiglie, però, non sono in condizioni tali da potersi permettere questa spesa e per questo i loro figli non pagano nulla.

Attualmente ci sono cinquanta bambini che non pagano l’asilo, o a causa delle estreme carenze economiche, o grazie al fatto di avere la mamma che fa l’insegnante[2].

E’ importante, che i genitori provvedano a comprare il grembiulino affinché tutti i bambini siano vestiti uguali e, quindi, non ci sia il rischio che sorgano disparità. Inoltre il grembiule è un significativo simbolo di riconoscimento dell’appartenenza all’asilo.



[1] Il camión è il corrispondente del nostro autobus, con la sola differenza che in Messico i mezzi di trasporto pubblici sono utilizzati per la maggior parte dei casi, dalla gente più povera; le altre persone, infatti, preferiscono spostarsi con la propria auto.

(tratto da "Villalpando:storia di una speranza" di Viola Festa)

I bimbi e le loro famiglie


Tutti i bambini che frequentano l’asilo di Villalpando, provengono dalle famiglie del quartiere, ossia la gente che, per esigenza, ha deciso di stabilirsi e vivere su quelle terre. Le case, o meglio dire abitazioni, dove alloggiano, sono molto umili, e sono state costruite da loro stessi con i materiali trovati in zona[1]. Possiamo, quindi, immaginare le umili condizioni di vita in cui vivono.

Ma nonostante questo, cercano di condurre una vita dignitosa, nei limiti delle loro possibilità.

Marcela

Marcela…

questo è il nome della maestra che io e la mia amica dovevamo sostituire nel periodo del nostro soggiorno messicano e, purtroppo, questa è l’unica cosa che di lei è rimasta.

Il giorno dopo il nostro arrivo a Città del Messico, ci siamo recate all’asilo e, aprendo la porta di quella che sarebbe diventata, anche se per poco, la nostra classe, abbiamo visto una ragazza con un grosso pancione, seduta in mezzo all’aula e circondata da tutti i bambini.

Quella ragazza era la maestra Marcela.

Aveva un’espressione serena e sembrava veramente felice del nostro arrivo, ne avrebbe, infatti, approfittato per prendersi un po’ di riposo, date le sue condizioni.

Era alla sua terza gravidanza e si trattava di una bambina. Gli altri due figli, la maggiore di 7 e il minore di 5 anni, frequentavano già l’asilo, e grazie al fatto di avere la madre insegnante, non erano soggetti al pagamento.

La loro situazione familiare, però, era ben lontana dall’essere felice : il padre, disoccupato, spesso rincasava ubriaco e non vedeva certo di buon occhio il fatto che i figli andassero a scuola, né che sua moglie fosse la loro maestra.

Ma questo a Marcela non importava, a Villalpando aveva finalmente incontrato persone con cui poteva parlare e che, vivendo nella medesima situazione, potevano capirla appieno.

Il giorno in cui abbiamo conosciuto, o meglio visto, Marcela era un venerdì di febbraio.

Il nostro lavoro sarebbe iniziato il lunedì successivo, giorno in cui avremmo dovuto incontrare nuovamente Marcela, per farci spiegare esattamente quale era il programma delle lezioni che avremmo dovuto seguire.

Disgraziatamente però, quando il lunedì successivo siamo tornate a Villalpando, abbiamo trovato ad accoglierci solo visi molto tristi ed è stato allora che abbiamo appreso la notizia: Marcela, a soli 26 anni, era morta di parto la mattina seguente al nostro incontro. Fortunatamente la bimba era nata ed era sana e salva, ma senza una mamma.

Il parto era avvenuto all’interno dell’umile casa di Marcela, senza quindi attrezzature adeguate né norme igieniche all’altezza. Ma questa situazione è all’ordine del giorno per i poveri di Città del Messico, date le umili condizioni della famiglia e l’esistenza della possibilità di ricoveri solo presso cliniche private[1].

Da quel giorno non abbiamo più visto nemmeno gli altri due figli, il padre non li avrebbe più mandati a scuola.

L’episodio di Marcela è stata una parentesi triste in questa esperienza, ma l’intento nel raccontarla non vuole essere fine a se stesso.

In realtà voleva essere un’ennesima dimostrazione della precarietà delle condizioni di vita in cui si trova questa povera gente.

Nel ventunesimo secolo, per noi è lecito pensare che morire di parto a causa di un’emorragia sia abbastanza raro.

Per loro non è così.

Quando quel lunedì ci hanno informato dell’accaduto, parlavano come se si trattasse di una disgrazia non all’ordine del giorno, ma quasi.

Un fatto che può capitare e spesso, date le condizioni igienico-sanitarie, purtroppo capita.

Non abbiamo mai saputo cosa sia accaduto esattamente la notte del parto, ma sappiamo come è andata a finire.

E questa, sfortunatamente, è la cruda realtà.

L’episodio di Marcela, purtroppo non è un caso raro e isolato. E anche se fosse sopravvissuta, non avrebbe avuto vita facile, come quasi tutte le mamme del quartiere.


(tratto da "Villalpando:storia di una speranza" di Viola Festa)

I programmi delle lezioni



Le maestre che si occupano dell’istruzione dei bambini di Villalpando, come abbiamo visto, non possiedono alcun titolo per insegnare.

Inoltre, se considerassimo il fatto che la maggior parte di esse è in grado a mala pena di leggere e scrivere, non potremmo definirle maestre a tutti gli effetti, e saremmo portati a dubitare sull’utilità dei loro insegnamenti .

In realtà, quello che a prima vista potrebbe sembrare un inutile sforzo, è un grande passo avanti.

Gli argomenti delle lezioni, infatti, non riguardano solo le nozioni di base come imparare le lettere dell’alfabeto, i numeri e i colori, ossia i tipici insegnamenti per un bambino in questa fascia di età.

A queste importanti e basilari lezioni, vengono affiancati veri e propri insegnamenti di vita.

Le maestre tengono in modo particolare al fatto che i bambini acquisiscano fin da piccoli, cose altrettanto fondamentali come il rispetto per gli altri e il senso dell’igiene.

Si sforzano di insegnare loro l’importanza di lavarsi le mani prima dei pasti e, al termine di questi ultimi, i denti.

In ogni classe è stato allestito un angolo adibito alla pulizia: su un tavolino sono presenti pettini, sapone, creme per il viso e un barattolo con gli spazzolini da denti e il dentifricio e, al di sopra di esso, è posizionato uno specchio.

A fine giornata, le maestre si occupano di cambiare i vestitini ai bambini che hanno portato con sé il cambio, di lavar loro il viso e di pettinarli.

Un particolare a cui tengono molto è la divisa scolastica, ossia un grembiulino cucito dalle donne del quartiere a quadretti bianchi e blu, con un grosso fiocco sul colletto.

Questo indumento è infatti il simbolo di appartenenza all’asilo ed è indispensabile per i momenti importanti all’interno della scuola. Per questo motivo, insegnano ai bambini ad avere cura del proprio grembiulino.

Per sviluppare nel bambino il senso di appartenenza alla propria terra e l’amore per la patria, è stato istituito il “momento della bandiera” dove, una volta a settimana, vengono dedicati dieci minuti al canto dell’inno nazionale messicano. Per l’occasione, i bambini di tutte le classi si riuniscono nel patio per cantare in coro e ,a turno, due di loro tengono in mano la bandiera.

Le maestre cercano, inoltre, di trasmettere a questi bambini, l’affetto e l’amore che spesso non ricevono a sufficienza, o peggio, non ricevono affatto, dalle loro famiglie.

Loro compito è anche quello di insegnare loro a volersi bene e che la violenza è sbagliata, in qualsiasi delle sue manifestazioni.

Detto questo, dobbiamo tenere presente che, date la scarsità di risorse e di soldi delle povere famiglie, per la maggioranza di questi bambini, gli insegnamenti che ricevono a Villalpando, sono e saranno gli unici insegnamenti scolastici della loro vita.

Per questo, è importante che imparino le basi, come già elencato precedentemente, l’alfabeto e i numeri, ad esempio, ma, ancora più fondamentale, risultano gli insegnamenti di vita.

Ma forse, per comprendere a fondo l’importanza, dobbiamo tener presente anche un secondo fattore che non può essere sottovalutato: spesso le famiglie dove questi bimbi sono nati e cresciuti si disinteressano della loro educazione e non prendono nemmeno in considerazione l’idea di insegnare loro, cose come il rispetto per gli altri e per se stessi.

In percentuale nettamente inferiore, troviamo casi in cui i genitori vorrebbero trasmettere qualcosa di positivo ai figli, ma sono impossibilitati nel farlo, dato che sono i primi ad essere ignoranti in materia.

A questo proposito, periodicamente le maestre (essendo come detto a loro volta mamme) organizzano incontri con gli altri genitori, al fine di insegnare loro, come rapportarsi con i figli e dando loro consigli per un’igiene di base.

La questione dell’igiene sembrerebbe a prima vista una cosa scontata, ma non dobbiamo dimenticare che il 99% di queste famiglie non possiede in casa l’acqua corrente, quindi un gesto apparentemente molto semplice come lavarsi le mani, implica per loro uno sforzo ulteriore e buona volontà per farlo. Risulta perciò fondamentale che ne apprendano l’importanza sia i bambini che gli stessi genitori.

Le maestre


Attualmente a Villalpando sono presenti dieci maestre, ognuna delle quali (tranne per la classe di bimbi di 2/3 anni, dove visto il numero elevato, attorno ai trenta bimbi, sono necessarie almeno due insegnanti), si occupa di una classe.

La maggior parte di loro non ha studiato per diventare maestra, ma lo è diventata un po’ per volontà e un po’ per necessità.

Quasi tutte, infatti, sono le mamme di uno o più bambini che frequentano l’asilo. Le ragioni per le quali hanno deciso di dedicarsi a questo lavoro, sono molteplici: alcune sono diventate maestre per passare tempo con i propri figli, altre, mosse dalla voglia di insegnare a queste creature qualcosa di utile per il loro futuro, altre ancora , per permettere al figlio di frequentare l’asilo.

Non svolgendo un lavoro vero e proprio, queste donne non ricevono uno stipendio ma, al posto di quest’ultimo, ricevono delle agevolazioni come, ad esempio, cibo o bevande per la famiglia, oppure la possibilità di mandare il figlio a scuola senza pagare nulla.

Particolare questo da non sottovalutare, perché spesso è l’unico passaporto attraverso il quale il bambino ha l’opportunità di frequentare la scuola. Non bisogna dimenticare, infatti, che, solitamente, i padri di famiglia sono contrari all’istruzione dei figli, a maggior ragione, se parte del misero stipendio che ricevono deve essere investito in questo, secondo loro, inutile spreco di tempo.

Se invece è la madre stessa ad essere una delle insegnanti, almeno il problema economico viene superato.

Ci sono poi, casi in cui il padre è disoccupato, e l’unica via per l’educazione del figlio, è che sua madre diventi una delle maestre.

domenica 16 dicembre 2007

Com’è strutturato l’asilo e le sue attuali condizioni







La struttura, che oggi ospita circa 210 bambini, è suddivisa in quattro aree indipendenti, separate tra loro da una strada.

Ogni area contiene uno o più saloni, vale a dire le vere e proprie classi dove i bambini, suddivisi secondo l’età, passano la giornata scolastica.

La figura 3 mostra l’area dell’asilo che comprende i saloni dove io e le mie compagne di viaggio abbiamo dato il nostro contributo. Questa zona è stata, a sua volta, suddivisa in quattro sotto-zone, ognuna adibita a classe.

Ogni classe ha la propria maestra, la quale, si occupa del suo gruppo, il cui numero varia dai sedici ai trenta bambini.

Il tetto, come si può notare dalla foto, è composto da lastre di lamiera affiancate. La conseguenza peggiore sono le alte temperature che si raggiungono al di sotto di questa tettoia: considerando il calore che trattiene e sprigiona, e il fatto che, solo nel mese di febbraio, la temperatura raggiunge i gradi che noi siamo abituati ad avere in agosto, possiamo immaginare l’inferno che si crea nel patio…

Inoltre, non possiamo ignorare la precarietà della struttura: la tettoia di lamiera si regge su pali di legno perlopiù marci e inclinati a causa del peso.

I muri portanti sono costruiti in muratura, ma i muri che separano le diverse classi sono di compensato.

Attraversando la strada sterrata troviamo altre due costruzioni.

La prima che si incontra, corrisponde al salone destinato ai bambini più grandi, la cui età varia dai 6 ai 7 anni. Adiacente ad essa, è stata costruita una umile chiesetta dove la gente del quartiere può ritirarsi in preghiera e, all’interno della quale, sono svolti i riti religiosi principali.

La seconda costruzione costituisce invece la classe dove vengono riuniti i bambini per le lezioni pomeridiane.

L’orario delle lezioni normalmente è compreso tra le 8.20 del mattino e le 14; a volte, però, alcune mamme, o chi si occupa di andare a prendere il bambino e stare con lui nel pomeriggio, lavorano fino a sera, non potendo così, prendersene cura.

Per questo motivo, Doña Ramona ha pensato di riunire tutti i bambini che, per necessità, si fermano all’asilo anche nelle ore pomeridiane, nella medesima classe e di incaricare una maestra di occuparsi di loro.

Percorrendo la strada, sulla sinistra si incontra un ultimo edificio chiuso da una porticina blu.

Questa è la costruzione più grande e più importante.

Al suo interno, nell’ala sinistra, troviamo l’ufficio della direzione, la cucina-dispensa (unico luogo dove arriva l’acqua corrente), un’infermeria improvvisata e la classe dei più piccoli: i bimbi di età compresa tra i 6 mesi e un anno/un anno e mezzo.

La maestra che si occupa di questi cuccioli è una signora che aiuta Villalpando fin dalle sue origini, è, infatti, una delle donne che ha partecipato attivamente alla sua costruzione.

Nell’ala destra, troviamo, oltre ai giochi (tra i quali il più ambito è il “brincolin[1] dove i bambini sono portati a turno una volta la settimana), la zona dei bagni, alla quale le maestre devono accompagnare i propri alunni dopo la colazione.

Cosa importante da sottolineare è che proprio all’interno di quest’ultima area descritta, sorge l’abitazione, sempre molto umile, di una delle cuoche, anche essa donna molto attiva durante la costruzione di Villalpando.

Ma ora vediamo in dettaglio l’interno delle classi…


Come si evince dalla figura 5, l’arredamento delle singole classi è molto semplice. I mobili sono prevalentemente costruiti in legno, materiale facilmente reperibile e con il quale sono fabbricati i banchi, le sedie e gli scaffali. Ma, purtroppo, a causa dell’usura del tempo e dell’utilizzo, capita spesso che le assi di legno che compongono i tavoli, cedano, creando un pericolo per i bambini, rappresentato in particolar modo dai chiodi che vengono alla luce in seguito al cedimento.

Per quanto riguarda il materiale scolastico, troveremmo sorprendente l’organizzazione delle mastre ed il loro spirito di iniziativa. Infatti, ecco che hanno trasformato un semplice barattolo di latta in un contenitore-astuccio per ogni bimbo e hanno fatto di una cassetta di legno per la frutta, un comodo ripiano a muro.

Al fine di rendere l’ambiente il più possibile accogliente, si impegnano a decorare i muri e le porte con disegni e nastri.

Ma quali sono oggi le condizioni in cui questi bimbi vivono la loro giornata?

Innanzitutto, è opportuno fare una premessa: l’asilo, come abbiamo visto, è stato costruito dal nulla, non ad opera di esperti architetti, ma dalla gente del quartiere e, per questo, senza un’adeguata preparazione del sottosuolo. In tutta la struttura, ad eccezione della cucina, come in quasi tutto il quartiere, manca l’acqua corrente, e questo è un grosso problema a livello igienico. Pensiamo, infatti, alla scomodità per quando si ha la necessità di lavarsi le mani, di lavare le posate (a differenza dei piatti, tenuti in comune nella cucina, per quanto riguarda le posate, ogni classe ha le proprie e la maestra ha il compito di lavarle prima dell’uso o a fine pasto, e, in seguito, riporle nell’apposito contenitore), di far lavare i denti ai bambini o semplicemente di andare in bagno.

L’acqua viene periodicamente raccolta in apposite cisterne dalle quali, quando è necessaria, viene prelevata usando dei secchi.


Per quel che riguarda le norme igieniche, ci troviamo di fronte, per quanto siano grandi gli sforzi e l’impegno messo da tutti, a gravi carenze.

Innanzitutto, le posate con le quali i bambini mangiano, sono lavate poco prima dell’utilizzo, dalle maestre, in maniera non propriamente minuziosa. Avendone a disposizione un numero limitato, se capita che un bambino faccia cadere inavvertitamente il suo cucchiaio a terra, quest’ultimo verrà solo sommariamente sciacquato.

L’acqua dove vengono lavate è raccolta in un secchio, quindi, essendo acqua “stagnante”, non consente un lavaggio ottimale.

I piatti e le tazze per la colazione sono invece lavati nella cucina, ma per essere portati nelle classi, sono utilizzati dei secchi di plastica.

Anche per il trasporto dei cibi e delle bevande sono utilizzati dei contenitori di plastica, possiamo, quindi, facilmente immaginare la precaria igiene.

Anche gli spazzolini da denti rappresentano un nemico dell’igiene propriamente detta: sono, infatti, riuniti in un barattolo e posti su un tavolino all’interno della classe.

Capita che i bambini, giocando, urtino questo tavolino e che il barattolo contenente gli spazzolini, cada a terra e questi ultimi si sparpaglino sul suolo.

Non essendoci piastrelle, ma cemento difficile da mantenere pulito, gli spazzolini, venendo a contatto con il suolo, si sporcano e, una volta usati, senza essere stati opportunamente disinfettati, rischiano di apportare malattie.

Un altro problema, oltre alla precarietà della struttura stessa, è rappresentato dal luogo dove nasce.

I giochi che mostra la figura 6, sono stati posizionati direttamente sulla terra, esponendo i bambini a dei rischi: è capitato, infatti, di trovare scorpioni o altri insetti simili nascosti nel terriccio.

Inoltre, lo stato dei giochi, non è il migliore, e, spesso potremmo definirli addirittura pericolosi.

Gli scivoli non sono ben fissati al terreno, e possiamo trovarne uno al quale è rimasta solo la scaletta.

Per non parlare poi dell’amato “brincolin” : come abbiamo visto, una volta a settimana i bambini sono portati a saltare sul tappeto elastico

Non ci sarebbe niente di anomalo, se non che, a contraddizione delle norme di sicurezza (le quali specificano che il gioco non è adatto ai bambini di età inferiore ai 4 anni e che è altamente sconsigliato l’utilizzo da parte di più di tre persone in contemporanea), il gioco viene utilizzato da tutti i bambini, a partire dai due anni di età, e non esistono turni, ma tutta la classe sale in contemporanea a saltare…


[1] E’ il corrispondente del nostro tappeto elastico, usato dai bambini per saltare

(tratto da "Villalpando:storia di una speranza" di Festa Viola)